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Prince Richard

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microrrelatos

Con las manos – microrrelato

Siempre hay una manera de comunicarse. Espero que te guste.


¿Cuánto valen las palabras que no pueden pronunciarse? 

Las preguntas que no me atrevo a responder, las emociones que no sé expresar. 

Las palabras que no dije adornan el aire bellas, pero vacías, como globos que se me escaparon de las manos.

Con las manos, mi hija dijo mamá por primera vez.  

Elena nació sorda y me costó aceptar que para ella no habría palabras pronunciadas. 

¡Me equivocaba! 

Con las manos, dibuja las palabras más valiosas y me las regala. 

Y yo me hago rica en palabras que no puede pronunciarse.

Sandra García Gata

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Tea time with Kanye

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Llévame a la luna – microrrelato

A Jara le toca despertarse para ir al colegio. Espero que te guste.


–  Jara… 

–  Jo, mamá, no me despiertes otra vez cuando estoy en la Luna.

–  ¿En la Luna? ¡Qué dices!

–  Cuando tengo un día de perros, me voy a la luna. Y ayer me peleé con todos, así que…

–  Te has ido a la luna. 

–  ¡Nada más cerrar los ojos! Cuando tú me das el beso de las buenas noches, yo vuelo. 

– ¿Así, en pijama? ¿Y no tienes frío?

–  Qué va. Allí no hace frío, no es gris ni desierto.  Camino entre los embalses lunáticos, los Pirineos lunares y los valles luneros con mis cintas de colores. Me paseo entre los abedules lunarios y entonces ¡la preocupación se me va y la paz me viene!

–  Pues hija, me vas a tener que llevar contigo.

– Claro, mamá. Pero igual para ti, la Luna tiene otras cosas… Me ha contado en secreto que solo te enseña lo que necesitas.

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Google dice que esto es comida

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podcast

La Vida es Otra Cosa Podcast – Episodio 3: Éste va de perros verdes

¿Te sientes diferente?

¿Eres considerada una persona rara? «Ay, hija, qué rara eres…» A nosotras nos ha pasado, por una u otra razón, cuando hemos decidido seguir ese libro no escrito de las reglas para ser normal. ¡No nos llegó la copia!

Cuéntanos tus rarezas y montemos juntos un club de perros verdes 🙂 Al fin y al cabo, ser diferente es… muy normal 😉

Accede aquí para verlo en Youtube:

También puedes escucharlo en Spotify, Google Podcast y Ivoox

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microrrelatos

Las ramificaciones del inconsciente – microrrelato

Jesús acude a la consulta… Espero que te guste


Jesús se acercó a la puerta con las manos temblorosas y el corazón helado. 

En la consulta, la doctora Martínez le esperaba bolígrafo en mano. Respiraba hondo y se repetía “lienzo en blanco” a sí misma. Lo hacía siempre que recibía a un nuevo paciente, para vaciar las alforjas de las emociones que había dejado el anterior.  

“Lienzo en blanco”, se repitió, mientras sonreía a un taciturno Jesús que la miraba  de reojo. 

“Bueno, ya sabe usted por qué estoy aquí. No me queda otra”, dijo, desplomándose en la silla. 

Jesús se miró el dorso de las manos translúcidas. Se perdió en las arrugas resquebrajadas de sus nudillos. Contó las venas azules, luego las verdosas. Jugó a dibujar constelaciones con sus pecas y a crear figuras geométricas con las falanges. Miró sus mordidas uñas y les puso una fecha de caducidad a cada una. 

Mientras, la doctora tomaba nota de su discurso, desconectado y recitado como un niño que aprende las tablas de multiplicar.  

Hoy no le sacaría nada en claro. Jesús vivía en dos realidades: ésta, que no le gustaba.  

Y otra, en las ramificaciones del inconsciente, donde su Natalia aún vivía. 

Sandra García Gata

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REFLEXIÓN, Software

De metaversos e IAs

Trabajo remoto, comunicación holográfica, reuniones virtuales, asistentes personales no humanos que son Inteligencia Artificial, documentación y procesos en la cloud… Pues sí, este universo nos pintan en el tan traído y llevado 2030 (el nuevo año 2000).

No se puede negar, hemos avanzado muchísimo en tecnología desde la estandarización del ordenador personal. La digitalización sigue su camino ascendente y expansivo en todos los aspectos de nuestra realidad cotidiana y ya se prevén cambios inevitables como por ejemplo, la desaparición del dinero en efectivo. Todos los negocios se están adaptando y el que no lo está haciendo se enfrenta a la incertidumbre de la viabilidad de su empresa cuando este proceso se complete y estandarice.

Este cambio en concreto, la desaparición de la moneda corriente, creo que está a muchos años más de 2030 y que se mantendrá a ciertos niveles ya que estamos aún lejos de que toda la población esté tecnológicamente dotada para poder incorporarse a un cambio tan brusco. De realizarse, de hecho, las desigualdades sociales se harían aún más cruelmente evidentes: no todo el mundo tiene un trabajo digno, un dispositivo digital actualizado, dinero suficiente en el banco como para hacer transacciones pequeñas que algunos negocios aún no quieren implementar («Mínimo 5 € para pagar con tarjeta»), etc. No dudo que en otros países donde la clase media no haya sido destrozada esto funcione, pero en el nuestro implementar esta medida requeriría primero prestar atención a lo que siempre se olvida, la desigualdad social y económica.

Pero bueno, yo he venido a hablar del metaverso, o de la manera que vamos a crear la realidad y los servicios según Zuckerberg. Una manera de vivir en el mundo, avatar sin michelines, arrugas o aliento en mano, realizando gestiones para cosas que existen, comprando cosas que existen (o no), recibiendo servicios que proporcionan una satisfacción real (o no).

En el metaverso se están creando mundos smart, limpísimos, funcionales, copias perfectas de los mundos físicos, llenos de polvo, ineficiencia humana, donde hace falta comer, o estar calentito y cómodo. ¿Viajaremos en las vacaciones a través del metaverso? ¿Será suficiente con ver a los amigos (y a sus avatares) a través de tu pantalla o mejor, a través de tus gafas modernísimas y carísimas de realidad virtual? No sé desde donde me lees, pero seguro que en 2020 ya observaste que hay cambios que pueden hacer tus gestiones y trabajo mucho más práctico, pero que no podrán ni por asomo sustituir a la presencia humana, física y maravillosamente imperfecta.

Al menos, no al ser humano que existe hoy, aún no completamente sumergido en la digitalización. Ojalá duremos. Que la «civilización» nos persiga, pero que sigamos siendo más rápidos.

Convivir con la inteligencia artificial

Pero no nos engañemos, hay ciertas partes de todo este proceso que avanzan sin que podamos hacer nada para remediarlo. La inteligencia artificial está aquí para quedarse, lo cual no es ningún hecho negativo o positivo, sino un hecho en sí. No ha empezado, ni está por venir, llevamos conviviendo con el avance tecnológico y versiones más rudimentarias de lo mismo desde siempre. Es un continuo y estás plenamente inmerso en él.

La IA está aportando soluciones inteligentes gracias a los datos que le hemos aportado durante todos estos años muy gustosamente, y sigue creciendo gracias a ellos. La cantidad de datos almacenados ha crecido de manera exponencial y con ello, el nivel de la tecnología. Recibe información, la centraliza, la observa, la analiza y extrae aquello que necesita para darte lo que quieres. Bueno, bueno, seamos sinceros: de aquello que quieres, un fragmento que también sea de interés para la empresa, organización, institución o negocio que esté implementando la IA.

Que no todo es peace and love y amor desinteresado.

El futuro nos presenta una combinación de espacios reales y virtuales que pueden ensalzar la experiencia. Me emociono con todas las posibilidades que los hologramas, la realidad virtual, la aumentada, pueden tener en el terreno de la educación, por ejemplo. Nuestro cerebro se va a formar distinto, con su tremenda plasticidad, para adaptarse a una manera nueva de entender y aprender conceptos. Quizá hasta esta manera esté más adaptada a la naturaleza del cerebro humano que la tradicional de sentarse y repetir conceptos (un error de cálculo terrorífico en mi opinión).

El caso es que la inteligencia artificial y su existencia nos invita a pensar de otra manera. A cuestionarnos lo que se nos ofrece, a obtener una información exacta y eficiente pero aún distanciada de la experiencia humana. Las máquinas no son, ni serán, más inteligentes emocionalmente que los seres humanos. Ya sé, esto es discutible según el individuo en cuestión, pero bromas aparte… Las máquinas son perfectas para obtener información y ahora para analizarla y sacar conclusiones lógicas, objetivas, en muchos casos muy acertadas. Sin embargo, el verdadero reto del humano de ahora en adelante será qué hacer con esa información para hacer de nuestro mundo uno mejor, más humano.

Me gusta pensar en la IA como si fuera una persona, llamémosle Paquita, que ha sufrido una conmoción cerebral y está, de cara a la galería, funcional. Pero tú le notas que está «rarita», como si se le hubiera caído un tornillo y no lo hubiera encontrado aún. Te gusta hablar con Paquita, que es muy maja y te hace algún chiste malo que otro. Sabe leer informes, sabe hacer inversiones, sabe escucharte mientras tomáis café:

«Paquita, estoy preocupada, hoy se va mi hijo de viaje. Se va de mochilero por Europa. Me da angustia pensar en todos los posibles peligros que puede encontrar».

«Sandra, no te preocupes, los peligros reales son A, B y C y tienen un porcentaje de ocurrir de nosetantitos por ciento».

«Ya mujer, pero entiéndeme, soy su madre. Es normal que esté preocupada».

«De acuerdo a esos datos, podemos obtener dos soluciones: una es evitar la maternidad, pues causa preocupaciones. Otra es eliminar las emociones. ¿Te haría eso más feliz? Sólo quiero ayudarte»

Paquita me ha dado dos maravillosas y eficientes soluciones a mi sufrimiento y preocupación. No podría ser más eficiente la chiquilla. Así es la IA, maravillosamente eficiente, una compañera de trabajo y nunca, nunca, nunca, capaz de reemplazar al ser humano y a su dimensión emocional, mucho menos la espiritual, que se le sale de ámbito. Paquita está a años luz de obtener estas dimensiones que son inherentes a los seres vivos y que dudo mucho que el ser humano pueda programar con extrema perfección en sus códigos. Ni siquiera a través de la imitación de nuestro comportamiento o el estudio intenso de nuestra información. Es algo que no podemos dar, ahí se acabaron nuestras posibilidades.

Pero sí que podemos caminar con la inteligencia artificial de la mano. Como herramienta: como hacemos con nuestro ordenador, las tijeras, un cuchillo, una calculadora, una pala… Sabiendo su uso, mejorándola y perfeccionándola, pero teniendo muy claro hasta dónde llegar con ella.

Podemos usar su información y consejo, pero después debemos ser conscientes de que hay decisiones últimas que una máquina, por muy humanizada que nos parezca, bien programada y maravillosa que sea, no puede tomar por nosotros. El filtro humano, con sus características emocionales, éticas y espirituales, es irremplazable.

Las leyes intentarán limitar y proteger a la persona, pero quedan muchos huecos por cubrir y sin duda, cometeremos errores por el camino. Históricamente estamos en un espacio totalmente nuevo. Por eso creo que es importantísimo seguir insistiendo en la formación y educación integral de la persona: un ser humano que valore no sólo las matemáticas, la ciencia, el arte o la programación, sino que además sepa de filosofía, ética y espiritualidad.

¿Hasta dónde, cómo, a qué ritmo avanzar? Educarnos en el tema (sin miedo a la invasión de los robots zombis), tener claros nuestros valores éticos como sociedad y tener presente que hay que minimizar la brecha de desigualdad entre estratos sociales y económicos. Esos son los pilares que personalmente creo que nos protegerán contra la aplicación inconsciente y las malas prácticas en la inteligencia artificial en el futuro.

Continuará…

Claro.

Sandra García Gata

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Aniversario – microrrelato

Una corta historia de amor, porque no se habla lo suficiente de él en estos tiempos. Espero que te guste.


Amelia miró el calendario y contó los días que quedaban. 

Uno menos”. Sonrió. 

Afuera llovía, para variar. Llevaba tantos años en Manchester que lo consideraba su casa, pero nunca se había acostumbrado del todo al tiempo. El teléfono sonó y pasaron veinte minutos hasta que pudo prepararse el café de la mañana. Su hija Lily la llamaba cada día y hacía el esfuerzo de hablar con su madre en castellano. 

¿Tienes ganas este año, mamá?

Hija, yo siempre tengo ganas. Mira que ya me arrastro, pero este año es especial. 

No me puedo creer que llevéis cincuenta años juntos. 

Amelia y John nunca celebraban su aniversario de boda, sino el día en que cruzaron miradas en la discoteca Tebaida, después de un día de sol y playa. Sin faltar más que en un par de ocasiones, cada año volvían a visitar los lugares de Benicàssim en los que su romance vio sus primeros días.  

En la puerta, John se quitaba el abrigo calado hasta las cejas. 

Llueven perros y gatos. – se sacudió la cabellera blanca.

– Te tengo dicho que esa expresión en español no tiene sentido – le riñó Amelia. – Nosotros decimos que llueve a cántaros.

¡Pues no sé que es peor! Puestos a elegir lo que te caiga en la cabeza… – se abrazaron, entre risas.

Amelia le miró a los ojos. Un día menos. 

Sandra García Gata

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Café

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